Por Rafael Picón Sarmiento (X @Rafaelpicon_ )
En política, como en el ajedrez, una mala jugada al principio puede condenar toda la partida. Y en Santander, el tablero ya está dispuesto para el juego legislativo del 2026. Las piezas son las listas a la Cámara, pero lo que realmente define la victoria no es la cantidad de votos, sino cómo se entienden dos claves del sistema: el umbral y la cifra repartidora.
Para aterrizar el debate, veamos los números. En 2018, Santander tuvo 712.495 votos válidos y un umbral de 50.893. En 2022, la participación creció a 803.872 votos válidos. El umbral subió a 57.419 y la cifra repartidora inicial fue de 75.458. Con esa regla de juego, quien no alcanzó los 57 mil votos simplemente no entró a competir por una curul. Ahora bien, si la tendencia de crecimiento se mantiene —y todo indica que sí—, en 2026 estaremos hablando de unos 907.672 votos válidos. Eso elevaría el umbral a cerca de 64.827 votos, y la cifra repartidora a unos 129.667. En otras palabras: quien no tenga mínimo 65 mil votos asegurados, ni se moleste en hacer maletas para Bogotá. Esto ya no es solo una elección: es una operación matemática con consecuencias políticas. Este sistema castiga a los partidos que improvisan o subestiman el poder de la estrategia. En 2022, el Partido Conservador perdió la curul de Héctor Mantilla pese a sus 45.682 votos, y el Partido Liberal dejó sin representación a Diego Fran Ariza, quien sumó 42.051. No fue falta de votos, fue falta de cálculo. Las listas se construyeron sin entender cómo se reparten las fichas.

Porque para sacar dos curules en 2026, una lista necesitaría cerca de 174 mil votos: eso implica que su primer cociente sea superior al cociente electoral (129.667) y su segundo cociente, al séptimo cociente más alto (aproximadamente 86.978). Menos que eso, ni piensen que aseguran una segunda credencial en el mismo partido. ¿Quién tiene esa base real de apoyo? ¿Quién está dispuesto a construirla?

La paridad de género, la presión por representar territorios diversos y el auge del voto de opinión hacen aún más compleja la tarea. En Santander, donde conviven el área metropolitana, las provincias y el Magdalena Medio, no se puede jugar a la política sin mapa ni brújula. Aquí no gana quien tenga más likes, sino quien entienda dónde están los votos… y cómo convertirlos en curules.
El 2026 ya empezó. Algunos ya están moviendo fichas. Otros, como siempre, esperarán a última hora y culparán al sistema cuando pierdan. Pero el sistema no perdona la falta de estrategia. Y la política, como el ajedrez, no se gana con gritos, sino con movimientos pensados.
¿Quién leerá bien el tablero esta vez? Porque en el Congreso no entran los que sueñan con llegar, sino los que hacen bien las cuentas.
Y es que en este juego político, donde cada ficha cuesta y cada movimiento cuenta, hay quienes creen que con mover bien la caja menor se ganan partidas mayores. Pd: Lo curioso es que, en algunos despachos, lo que debería destinarse a gastos operativos menores e inmediatos termina oliendo más a contratos exprés y favores personales. Porque cuando se desdibujan los límites entre lo administrativo y lo político, hasta la caja menor empieza a jugar en ligas mayores. Pero ya hablaremos de eso… con recibo en mano…